13 Música e Intérprete

Un intérprete en la música es la persona encargada de comprender un lenguaje sonoro para darle vida mostrando los caminos de su geometría. El intérprete puede llevar a cabo la transferencia de esa energía por medios que pueden ser muy variados y también la calidad del intérprete puede variar enormemente de acuerdo a la comprensión de la dirección de la energía cinética, además de la manera cómo logra llevarla a cabo y resolverla en el momento de la ejecución. Se habla también del intérprete como un creador en un estado pasivo puesto que al interpretar está entregando su sentir personal de aquello que interpreta, agregando un poco de su ser a la emoción que de por sí ya impregnó en la obra el compositor, así puede crear en la música determinadas direcciones que son propias de su ser, aunque sin salirse de los parámetros e ideas originales. El intérprete debe comprender las tensiones y relajaciones, los cúmulos, los nodos de las geometrías, los recorridos…Debe conocer los caminos que debe transitar el sonido para ayudarlo a realizarse en ellos. Es como interpretar un paisaje y conocer las cimas de las montañas, los ascensos y descensos, el itinerario, los circuitos posibles y entonces, a través de su cuerpo que es el medio para realizar esta conexión entre la comprensión y la ejecución, conectar los movimientos y los impulsos de su cuerpo en una simbiosis perfecta con las tensiones y salidas del sonido en la música, conectar con la manera en que el compositor desea que el sonido sea expresado. El intérprete de música debe buscar la perfecta coherencia y equilibrio entre las cuerdas y tensiones de su cuerpo y su instrumento, y junto con la técnica que ayuda a que ésto sea posible de la mejor manera, tratar de activar el máximo potencial del sonido, es decir, la técnica debe ayudar a que el mayor número de armónicos se desprenda del sonido original, aunque claro que para esta acción también influye la acústica del lugar y la resonancia del instrumento, su capacidad, todo debe corresponder, pues un buen intérprete con un mal instrumento está atrapado en una cárcel, mientras que un buen instrumento en manos de un mal intérprete está desperdiciado. Entre más número de  armónicos salen a la luz significa que más potencial fue aprovechado. Es importante tener control del cuerpo de manera que se pueda permitir el paso de la vibración a través de los músculos, el cuerpo debe estar en la relajación perfecta para que coincida exactamente con la proyección de energía cinética distribuida en los componentes de la música. Además de los instrumentos también son importantes los dispositivos con los que cuente, sean de tecnología como unos parlantes o amplificador, por ejemplo. El intérprete se vale de las indicaciones de una partitura como articulaciones, ligaduras, frases, acentos, dinámicas…Pero lo más importante es que sus tensiones internas, es decir, las frecuencias y sumatoria de todo aquello que lo compone en su cuerpo y su ser, como pensamientos, emociones y todo lo que no se puede ver pero que se puede percibir su efecto y que, como todo en el universo son frecuencias que se transportan en ondas, es que esta geometría interna se conecte correctamente con la distribución geométrica de la energía de la obra, es decir, la emoción con la que originalmente fue creada. Porque toda obra fue concebida por algún tipo de emoción, incluso aquellas que parecen muy intelectuales, pues tal vez fueron creadas con el hastío del sentimentalismo, o con la emoción de una idea o con la intención de la frialdad, del intelecto, por ejemplo, y esas también son emociones, pues así es como recibimos la información de las cosas y así es como nos impulsamos para hacer todo lo que hacemos. Para poder conectarnos con una obra musical no es suficiente con seguir las indicaciones correctas sino resonamos con las frecuencias de la geometría de la obra. Resuenas o no resuenas y eso es todo, es intuitivo y al mismo tiempo existe una gran cantidad de mecanismos que se esconden detrás de la interpretación de la música. Anteriormente hablamos de cómo la energía potencial se rompe y se distribuye en varias direcciones, principalmente en las melodías, principales o secundarias sin importar de qué texturas estemos hablando, también en la armonía (sonidos que acompañan melodías) y todos los elementos dentro de cualquier estructura, así que la labor del intérprete es darle un orden a todos estos puntos con la energía necesaria que les permita reproducir esas condiciones que le dan coherencia a un discurso plasmado en sonidos. Es el intérprete con el acto de la voluntad que permite la conexión de la música con el oyente y le da vida a una idea permitiéndole ser en el tiempo, a través del primer movimiento entrega a la existencia ese universo musical del cual su equilibrio, radica en el intercambio entre el compositor y la comprensión del intérprete de los códigos que describen la energía. Juntos pues, producen la música del universo.

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