Una característica importante para que se transmita la vibración es la sutilidad. Es decir, es muy difícil que una piedra resuene al ser golpeada de una manera musical porque es tan densa que toda la materia en ella está comprimida de tal modo que la vibración no se transmite. Cómo cuando alguien coloca un pie sobre un balón que está rebotando para impedir su movimiento, no dejando espacio así a la acción. Aunque en la prehistoria existieron instrumentos de piedra, éstos se crearon puliendo la superficie de manera tal que se generara un espacio, una estructura similar a una caja de resonancia por donde el sonido se libera. Cada material puede resonar mejor en diferentes rangos de frecuencia, algo que estudia muy bien la física desde algo llamado resonancia de materiales, por eso existen mejores materiales que otros para conducir la electricidad, pues la electricidad también es una vibración. Así mismo, los músicos deben adquirir una técnica de manera que permitan la liberación de todo el potencial del sonido a través de tener su cuerpo en el equilibrio perfecto de tensión-relajación. Los maestros de música siempre están recalcando la importancia de no estar tensionados, es decir, de tener ese dominio sobre sus propios músculos para permitirles firmeza sin esa tensión dañina (la que apaga toda la vibración que pasa por el cuerpo). Toda la técnica se traduce a tensión-relajación y cuando se está tensando los músculos inconscientemente se apaga el sonido y se pierde el potencial. La técnica entonces consiste en encontrar y aplicar la fuerza exacta junto con la disposición perfecta de los músculos a manera de rebote donde se pueda tensar el músculo sin perder el control y también pasar rápidamente de estados de relajación y tensión para conseguir el sonido perfecto. O sea, dar paso a todo el potencial que en él se encuentra abriendo un camino para todos sus sobretonos. Así por ejemplo para golpear correctamente una campana tibetana, si se debe coger, hay que tener el menor contacto posible con su cuerpo de resonancia además de relajar los músculos al máximo posible con el fin de no convertirse en un obstáculo para su expresión, y sostener el golpeador sin apretarlo para no sofocar los armónicos. De ésta manera permitimos que la vibración viaje correctamente a través de él, de lo contrario estaríamos callando la vibración. Según pues como tomemos y apliquemos la fuerza a la campana permitimos que todo el potencial de vibraciones actuen y se comuniquen. Así existe una técnica para cada instrumento encaminada a extraer su mayor potencial que no tiene que ver con que el sonido sea débil o fuerte (piano o forte). Se puede producir un sonido fuerte sin tensar el cual resultará agradable y redondo mientras que el mismo con una mala técnica será tosco y puntudo. En el piano, por ejemplo, ya que todo el cuerpo está implicado en el sonido, es necesario que se encuentre relajado para lograr convertirse en el camino de la vibración, principalmente el tronco superior y los antebrazos mientras que los dedos deben permanecer firmes para recibir y asentar la energía que se transfiere por el cuerpo, además de ser ágiles para variar el punto de apoyo constantemente a gran velocidad. Cuando todo se hace correctamente se puede observar en el rebote que se genera en los músculos a la hora de tocar, todo se ve fácil y con suavidad. Y así cuando llevamos esta sutilidad a lo que somos, a lo que nos compone, esa sumatoria de vibraciones que resulta de todos los elementos que nos crean y quitamos densidad a nuestro cuerpo, entonces podemos establecer contacto con frecuencias que antes no podían transitar en nosotros, conectamos con señales que permiten la expansión de nuestra percepción, activamos cada vez más todo nuestro potencial de resonancia y abrirnos a recibir el universo en su totalidad.
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