2 Música

La primera pregunta que nos debemos hacer es: ¿Qué es la Música?. Una definición con la que siempre me he sentido muy identificada dice que la música es la arquitectura del sonido. Y pues sí que la música es una construcción, una combinación de sonidos cuya organización se basa en proporciones o relaciones de distancia (que son los intervalos), donde el cerebro se regocija en una sensación de orden y de satisfacción. Durante mucho tiempo ese orden se basó en la búsqueda de la perfección a través de la consonancia y los armónicos, y en la manera como combinamos estos sonidos que se dan de manera natural y que actualmente utilizamos como principales herramientas, sea de manera consciente o no. Pero bueno, el tema de los armónicos y la consonancia es un tema muy extenso que se debe estudiar por separado. 

Se dice que el desarrollo de la música comenzó desde la prehistoria a partir de la imitación de los sonidos de diferentes animales y de la naturaleza. Y a partir de entonces la música ha estado presente en nuestras vidas para exteriorizar y dar significado a los eventos importantes que marcan nuestro desarrollo. Durante el transcurso de la historia hemos usado gran cantidad de afinaciones, escalas, métodos y sistemas para hacer música, siempre experimentando y buscando quizá lo más práctico o lo más natural, pero siempre mutando, y aunque pareciera que aterrizamos en un punto específico con la afinación temperada y las convenciones de la música occidental, esto es sólo una faceta de la música porque en realidad el arte permanece en transformación, esa parece ser su única constante, es la expresión estética de un  ser que siempre se transforma. ¿O acaso los humanos no pensamos un día una cosa y luego otra? ¿Acaso no cambian nuestros sentimientos, comportamientos, nuestro cuerpo?. He aquí por lo cual no es posible encontrar en la música algo fijo como quizás han tratado muchas investigaciones, pues en el universo no hay nada fijo, ni siquiera las estrellas permanecen en la misma posición ya que el universo se expande a velocidades vertiginosas e incluso tal vez algún día deje de expandirse para comprimirse. Los únicos principios que parece que permanecen corresponden a las fuerzas de las cuales conocemos la gravedad, el electromagnetismo y la fuerza nuclear, que son las que dan orden y reúnen los materiales de la creación, entonces  lo que sí se puede hacer como músicos a través de la ciencia es explorar más herramientas que permitan aspirar a moldear cada vez mejor en lo externo ese mundo interior que se lleva adentro. Sin embargo es el compositor o compositora quién decide usar o no y dar un orden a esas herramientas, las cuales han cambiado a través del tiempo como también lo que se considera un orden. Éste, puede variar de muchas maneras, puede ser cultural, como cuando un acorde (un grupo de notas que se tocan al mismo tiempo) nos da una sensación de tristeza, pero en otra cultura puede significar algo diferente, o como cuando en la anatomía encontramos belleza o no, lo cual como todo en el mundo estético está relacionado con la manera como percibimos relaciones de proporciones. Los estándares pueden variar pero existen ciertos parámetros intuitivos que permanecen y pueden dar respuesta inmediata a esas preguntas sin necesidad de realizar todo un análisis matemático para ello. Al Igual que al comparar una construcción de hace dos mil años con una actual, puede que sean muy diferentes en cuanto a su forma, materiales usados, proporciones, puede que nos parezca mejor lo antiguo que lo nuevo o viceversa, y aunque desconozcamos las matemáticas que dieron forma a esos edificios, nuestra simple observación por si sola nos dará una sensación de armonía o no en la geometría que observamos de ambas construcciones. En la actualidad, en lo referente al sonido, el estatus de orden ya no depende necesariamente de la altura, como lo fue durante mucho tiempo una cualidad privilegiada, sino que las asociaciones se pueden dar también por afinidades entre otras cualidades como masa, textura, espectro, timbre… Sucede que con mucha de la música actual, sobre todo la música académica, nos parece a veces difícil encontrar un sentido de orden, incluso para quienes somos músicos, y puede que lo posea pero no lo percibimos fácilmente, entonces debemos estudiar, informarnos acerca de cómo fue concebida la obra, y puede que incluso así nunca lleguemos a percibir una organización.  En lo personal, desde mi parte creativa me siento más cómoda cuando puedo intuir, es decir, sentir esa organización en la música sin necesidad de largas explicaciones, aunque también me gusta entender desde lo intelectual, claro, pero considero más natural lo anterior, independientemente de si la música se clasifica como aleatoria, disonante, atonal, serial, electroacústica o cualquier método usado para su creación, en realidad lo único que debería importar es el resultado. 

Así pues la música se transforma, se expande como el universo, recorriendo caminos cada vez más lejanos, y puede que para algunos evolucione y para otros no lo haga. Tal vez en ese proceso, así como en el del universo donde estrellas mueren y otras nacen y en los planetas continentes surgen y desaparecen, con esos mismos ciclos de vida, la música avanza y se reencuentra, como todos los ciclos circulares, métodos van y vienen, herramientas, percepciones y ajustes de proporciones. Todo circula en una espiral en donde se pasa una y otra vez el mismo punto pero rodeándolo desde la distancia. La música se expresa en todo el universo, en la geometría que trasciende la creación, en lo macro y en lo micro, en la materia, en la naturaleza, en los seres. Toda arquitectura natural o artificial se puede percibir a través de los sentidos como  música, es el oyente quién define la clase de música que escucha, y así como el universo que con las mismos elementos inunda todo con infinita variedad, así el sonido como materia prima elemental sostiene toda la música que atraviesa el tiempo con toda su diversidad. 

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