Todas las cosas en el universo, la materia y todo aquello que vemos y no podemos ver se construye a través de colisiones de vibraciones que generan determinadas frecuencias. Para definir si estas frecuencias son consonancias o disonancias debemos tener por lo menos dos tonos que suenen o interactúen conjuntamente y de acuerdo a su relación de distancia sabremos si se trata de lo uno o de lo otro. La música se construye con los llamados intervalos que son proporciones o distancias entre un sonido y otro, en general lo podemos aplicar a todo, así por ejemplo en la arquitectura uno puede determinar los intervalos por la distancia entre dos puntos. Cuando se habla de consonancia se habla de simetría mientras que la disonancia tiene que ver con lo amorfo y asimétrico. De esta manera de acuerdo a como se da esa relación entre mínimo dos referentes se puede determinar si se trata de algo consonante o disonante. Matemáticamente se sabe que de las relaciones de números enteros resultan consonancias: las octavas, las quintas, las cuartas y terceras en nuestra música occidental. Y de las relaciones de números decimales resultan las consonancias: las segundas y séptimas. Biológicamente todos nos encontramos capacitados para percibir consonancias y disonancias aunque no seamos conscientes de ello, sabemos que se trata de una disonancia cuando dos o más sonidos muy cercanos entre si colisionan produciendo una sensación de oscilación, interferencia o batido. Mientras que en las consonancias no se escucha ninguna interferencia sino que los sonidos se funden en una sensación de plenitud sonora donde todo encaja perfectamente. La historia de la música occidental nos dice que ésta comenzó a construirse a partir de las consonancias perfectas, las octavas las quintas y las cuartas, posteriormente se incorporaron las terceras y así sucesivamente hasta llegar a las disonancias. Culturalmente se suele considerar la disonancia como desagradable, un poco como ruido, pero a medida que avanza el tiempo los intervalos disonantes y el ruido comienzan a ser cada vez más usados en la música que escuchamos. Sobre todo a partir del romanticismo se inició una aceleración de ir cada vez más hacia lo disonante. La oscuridad es la distorsión de la luz y la disonancia es la distorsión del sonido. Las disonancias se hacen cada vez más notables, ellas implican ir cada vez más lejos en la sucesión de armónicos, entre más lejos el sobretono de la nota fundamental más disonante resulta. Recuerden que cada sonido está compuesto por otros sonidos, o sea que todas esas frecuencias que conforman la disonancia están contenidas dentro del primer sonido. La música actual contemporánea, sobre todo la música académica busca ser muy disonante y puede resultar a veces desagradable o difícil de comprender. Pero la música que expresamos es un reflejo de nuestro estado interior, de nuestra consonancia o disonancia, del equilibrio o desequilibrio que está dentro de nosotros. En general creo que es aburrido que la música sea siempre disonante o consonante, lo importante no es la consonancia o disonancia sino la interacción entre ambas y su equilibrio. La consonancia suele representar el orden y el instinto hacia él y la disonancia está relacionada con el caos, pero las personas no somos siempre las mismas, un día somos amables, simpáticos y alegres, estamos envueltos por compasión, amor y esperanza y otros días estamos tristes, coléricos, llenos de odio y venganza, nuestra personalidad implica diferentes aspectos. No se puede ser una sola cosa, pues existe el día y la noche, la oscuridad y la luz, la alegría y la tristeza somos todo al mismo tiempo. Entonces qué sentido tiene negar las facetas que dan contraste a la vida, a la música… En lo personal me gustan diferentes estéticas musicales, me gusta la música antigua como la actual, la tonal como la atonal y lo experimental, no tengo preferencias por nada en especial, con tal de que la disonancia esté en equilibrio y exprese algo coherente. La disonancia no es algo desagradable o malo en la música ni en nuestras vidas si se tiene control sobre ella. A partir del siglo XX la música se hizo aún más disonante, después del serialismo se volvió común utilizar toda la escala cromática sin jerarquías musicales o sin usar patrones. Así todos sus acordes se basan en ella. La disonancia pues es la esencia del serialismo. A partir de los años cincuenta también se da un fenómeno sonoro que surge a partir de la tecnología de la grabación, éste implica ampliar el espectro de frecuencias usadas para la composición, capturar y organizar de alguna manera los sonidos que se encuentran en nuestro diario vivir o que pueden crear máquinas y modificarlos posteriormente a través de tratamientos de una manera totalmente diferente de lo que se acostumbraba. En esta nueva estética no se necesita de teorías de tonalidad modalidad o reglas de lo que es correcto combinar y lo que no, sino que se abstrae lo musical de los sonidos a través de la organización que se les otorga. Lo único importante aquí es la organización que establece el oído de estos sonidos que ya no tienen que poseer alturas definidas como las que encontramos en la música tradicional, sino que se pueden utilizar ruidos o cosas que no podemos cantar y seguir claramente con nuestra voz, en un viaje por diferentes texturas que pueden ir desde un solo sonido a un conjunto de diversas sonoridades hiperdimensionales, además de efectos y síntesis que implica transformaciones del sonido. Paralelamente el jazz interpone gran cantidad de notas agregadas a los acordes generando sonoridades más ricas y disonantes pero siguiendo una coherencia de centros sonoros. La música comercial en general es más simple y consonante y a veces también la música para cine, aunque ésta última se encuentra sometida a una trama y cumple una función dentro de la imagen, por tal razón puede unificar y mezclar todos los estilos de todas las épocas, desde lo más simple a lo más complejo, desde lo más consonante a lo más disonante, todo es posible en la música para cine a fin de conseguir las atmósferas que conducirán la imágen. En general en el cine la disonancia es muy usada para crear ambientes de tensión, de estrés, de terror, de maldad, sin embargo la disonancia no tiene que limitarse específicamente a esas sensaciones, sino que la música puede ser disonante, coherente y agradable cuando está en completa armonía con la consonancia. Es decir cuando las cargas en la balanza son equilibradas. Cuando encontramos patrones en ella que nos ubican en lugares específicos y nos proporcionan la tranquilidad de no sabernos perdidos . En lo personal no rechazo la disonancia, la incorporo como parte de mi ser y la disfruto en la música que la expresa con orden y equilibrio.
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