Antes de la creación del universo no había tiempo, pero todo lo que podía ser ya estaba escrito y en el instante de ejecución de la gran obra comienza la expresión del universo. El primer latido le inició, cuando esa voluntad de ser se lanzó al movimiento, y en ese impulso todo su potencial se distribuyó en caminos cuando el big bang se abrió paso con toda la energía creando tejidos de melodías y armonías, creando tensiones, cúmulos y resoluciones en todo el espacio: La música
Esa primera onda contiene todos los sonidos con los cuales se relaciona en su camino al realizarse en música, y una vez que es lanzada a la existencia comienza a dar inicio a su expresión en el espacio-tiempo. En un principio todo lo que puede ser convive junto y una vez que se libera se distribuye en frecuencias, en geometrías, se agrupa nuevamente, se relaciona, resuena… se convierten en música.
La partitura estaba escrita, en calma hasta ejecutarse y dar inicio al tiempo, pero existía ya la música en la mente, en la hoja, y se encontraba en el reposo del no tiempo.
Se dice que la música es el arte del tiempo, pues se expresa a través de él, además de poder ser el tiempo mismo también. En el momento en que nos volvemos intérpretes y en el instante preciso de la ejecución musical, se está adentro del tiempo, pues mientras más conectados estamos con la música que tocamos la consciencia de todo lo demás comienza a desaparecer. El transcurso del tiempo medido por un reloj deja de existir y todo lo que podemos percibir en ese instante es la ilusión de la música, estamos atrapados dentro ella y en esa acción todo se vuelve eterno, en una dimensión donde no somos nada fuera de ese instante. Cuando uno se acopla con la vibración del tiempo entonces lo trasciende al convertirse en él, y por lo tanto éste deja de ser. Cuando se comprende la música en todos sus aspectos es tan grande la concentración de darle vida a tantos elementos juntos de una gran obra que no se puede ser más que eso en ese preciso instante. Tal vez esta experiencia no sucede muy a menudo con la música comercial donde su baja complejidad y a veces banalidad no implica que toda la consciencia esté involucrada en el acto de reproducir a través de la técnica los elementos que un gran compositor pudiera haber plasmado. Aunque de acuerdo a su inspiración musical también pueda implicar una inmersión de carácter místico.
La música impone el tiempo con la frecuencia y espacio en que los sucesos sonoros aparecen y desaparecen mediante el ritmo. La música moldea el tiempo, lo estira, lo acelera, lo dilata, lo distorsiona como en el borde de un agujero negro permitiéndonos observar en ella el fenómeno de la gravedad y relatividad. No hay un tiempo real y no hay distinción entre espacio y tiempo. La música al imponer necesariamente un pulso general en la obra crea un plano donde el sonido aparece en un punto particular y en un instante fijo. Pero el espacio-tiempo solo empieza a existir desde el momento en que la partitura se experimenta. La partitura son las coordenadas de cómo los sucesos se van a producir. Así antes de la creación del universo no había tiempo, pero todo lo que podía ser ya estaba escrito y en el momento en que se ejecuta la obra comienza la expresión del universo. Con los sonidos que actúan y se distribuyen en un campo la música se mueve en un espacio cuatridimensional. El espacio de la música se percibe a través de la audición y también se puede entender cada vez mejor con la tecnología donde podemos crear a nuestro antojo la ilusión de sonidos que se mueven por un espacio-tiempo. A partir de la década de los años cincuenta con la revolución sonora que se formó después de que la tecnología de grabación surgiera, se realizaron clasificaciones del sonido a partir de múltiples características diferentes de las conocidas intensidad timbre altura y duración. Siendo una de las clasificaciones la masa, sin saber aún científicamente que el sonido sí tiene masa. La música es una energía aparentemente intangible como la luz, que se propaga en el espacio- tiempo, a diferencia de una escultura o un edificio que aparentemente podemos palpar en la materia pero es principalmente a través de la vista que recibe las ondas de luz que podemos darle un orden en nuestro cerebro, procesar esa señal y encontrar o no armonía en sus formas desde su geometría. La mecánica cuántica establece que en realidad no hay separación entre objeto y observador y que son sus propiedades la manera de interactuar entre ambos.
El sonido tiene la capacidad de producir en nosotros el efecto de percibir esa masa, y las características de esa masa, pues es a través de los sentidos que podemos recibir la información del mundo exterior. Siendo así que los sonidos con mayor masa crean la sensación de que el tiempo transcurre más lento cuando aparecen en la música. (Porque mayor masa absorbe más luz, en el borde de un agujero negro el tiempo parece detenerse) Los sonidos robustos, graves, de gran masa, pesados y resonantes se usan para crear composiciones donde se quiere dar la impresión de detenerse, mientras que sonidos cortos de masa delgada, livianos y ligeros se utilizan para dar la impresión de velocidad y ligereza. En la relatividad entre más rápido se mueve uno más lento transcurre el tiempo, ésto se da con diferencias de velocidad muy grandes, cercanas a la de la luz, pero la música es un fenómeno de ondas mecánicas que tiene su propia constante. Sin embargo, ocurre un fenómeno interesante: Un fragmento de sonido se puede dividir en granos y así cuando estos granos o sonidos cortos se aceleran cada vez más, se perciben como una unidad. Una línea se puede conformar por una sucesión de puntos, entonces al traspasar el límite de velocidad en que el oído siente las divisiones, éstas se perciben juntas y crean una sola masa sonora en la que todo pasa de una gran velocidad a transcurrir lentamente. Y así esa percepción del tiempo viene en realidad de un suceso a una velocidad gigantesca que cambió la sensación de unidades pequeñas yendo rápidamente, a una sola unidad constituida por los fragmentos donde el tiempo pasa lentamente. En esa concentración de masa sonora el tiempo parece detenerse como en el horizonte de un agujero negro donde se condensa la luz.
En la música se pueden vivir varios tiempos dentro de un mismo tiempo, pues varios planos sonoros y rítmicos pueden interactuar y mientras uno de ellos se compone de sonidos largos y estancados, otro plano se puede componer de sonidos cortos y ligeros con diferentes acentuaciones y momentos de profundidad, pero al mismo tiempo todos convergen juntos en diferentes ocasiones de la obra para así revelar el orden que su creador determinó. Estos sonidos interactúan desde diferentes dimensiones dentro de la misma constante de la obra definiendo su armonía y orden. Así, dentro de una misma composición, aunque se percibe una constante, una integridad de tiempo, si se le divide, esta constante está constituida por diferentes sensaciones temporales así como el universo convive con un tiempo que no es absoluto dentro de él pero que comprende una constante que es la velocidad de la luz. Las personas pueden poseer sus ritmos particulares, incluso como parpadear más despacio, sin embargo su ritmo personal puede coexistir con los demás seres dentro de la constante en la que todos vivimos. Lo único que cambia son las proporciones de espacio- tiempo con relación a los demás, exactamente como en la música, donde se trata de relaciones de distancia entre sonidos. Como si todos estuviéramos en un mismo escenario pero moviéndonos a diferentes velocidades, mientras alguien en el fondo se sienta estático en una silla varias personas al frente pasan corriendo, pero sin alterar por eso la constante fundamental que ordena la obra.
Los humanos medimos el tiempo de manera que podamos dar un límite a las cosas para poder comprenderlas. Observamos los ciclos de la naturaleza y nos guiamos por ellos para determinar el inicio y el final de algo que nos proporciona así una sensación de continuidad.
El espacio-tiempo están ligados el uno con el otro y constituyen la cuarta dimensión, se puede hacer una rotación entre espacio y tiempo, como girar una figura simétrica en la que no importa de qué lado está su forma permanece inalterada. En la física no existe el tiempo, pues no se ha demostrado que este forme parte estructural del universo, es un invento humano que asociamos a los ciclos. Pero la música se ordena a través del ritmo, que es el equivalente a los ciclos, ordena el movimiento a través de tensiones y distensiones, espacios entre sonidos que puede permitir una sensación de reposo o por el contrario de caos, sin direcciones. Los sonidos se pueden agrupar de acuerdo a sus acentos en compases, que es como se mide el tiempo en música, pero de nuevo los compases son limitaciones que creamos para ordenar las cosas. Los acentos pueden ejercer influencia en que los ciclos sean caóticos y desorganizados o por el contrario sean estables y predecibles. También pueden crear estabilidad en un ambiente caótico o a la inversa, pueden provocar un ambiente descontrolado dentro de una constante de reposo. Esa interacción entre la estabilidad y el caos puede ser equilibrada o desequilibrada. Los acentos se pueden relacionar con nodos donde convergen gran cantidad de energía que están unidas mediante cuerdas que a su vez tiran de ellas modificando así las frecuencias que podrían emitir durante su expansión. En definitiva el tiempo y la música dan orden y lo alteran, nos limitan y nos dejan contemplar lo eterno, nos permiten sumergirnos en el hiperespacio, transitar caminos y trascenderlos. Así pues, nuestro primer latido inició el tiempo y el último da fin a la obra.
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