3 Música y Sonido

El universo es un gran cuerpo que se encuentra en constante vibración, la vibración produce energía que se transporta en ondas. Una de las maneras en que se expresa la vibración es en sonido. Las ondas pueden ser sonoras cuando se propagan a través de un medio elástico o físico y es por eso que en el espacio no hay sonido, al no haber partículas, o por lo menos no las suficientes para que puedan oscilar a causa de la presión que ejerce la vibración. El sonido se percibe a través de la audición. Y al mismo tiempo a través de otros sentidos podemos recibir otro tipo de ondas como el color, por ejemplo, que es una onda electromagnética (las que no necesitan de un medio para propagarse) y nos llega por medio de la vista. Todas las especies de la naturaleza tienen capacidades para percibir diferentes rangos de ondas electromagnéticas, como por ejemplo las abejas que perciben las ondas o rayos ultravioleta que comúnmente  los humanos no podemos ver, sin embargo las abejas tampoco captan algunos colores que sí podemos ver los humanos. Así existen una cantidad de ondas en el espectro electromagnético que no podemos captar con nuestros sentidos sino que necesitamos de tecnología para medirlas. De la cantidad de ondas en las que se expresa la vibración solo podemos captar un fragmento realmente diminuto de este gran universo en el cual vivimos. El rango de movimiento ondulatorio puede ser infinito y de la misma manera que en la música también se sucede por octavas. 

El sonido es la materia prima de la música, pero el sonido simplemente existe por la propagación de esa energía que produjo la vibración, sin llegar todavía al estatus de música, de hecho el sonido sólo existe por nuestra capacidad auditiva, fuera de nuestro oído no hay sonido. Llamamos sonido a la audibilidad de una vibración y éste sólo se da internamente por la capacidad del cerebro de interpretar los pulsos eléctricos generados por el hueso diminuto en nuestro oído llamado martillo, que vibró en sintonía con una  vibración que captó y que entendemos como sonido, aunque la mecánica cuántica no hace distinción como tal entre el observador y lo observado. El sonido en sí no tiene una organización especial construida por una persona, como en la música, donde hay un creador que une todas las partes y les da forma, agrupando a su antojo los distintos elementos sonoros. Cuando decimos que el sonido da forma a la música es el equivalente al barro pero no a la escultura, el barro debe ser moldeado por un artista para que surja de él una forma. O debe ser sometido a un molde, el cual podría tener una forma que puede variar desde la total simetría hasta lo totalmente accidentado y amorfo, y así el barro hereda la silueta de dicho molde. 

Durante el transcurso de la historia se han venido utilizando diferentes sonidos para crear música, comúnmente este arte se ha construido con sonidos de alturas definidas, como los que podemos cantar y expresar en una cifra exacta en hertzios. Un hertzio es un ciclo completo de una onda, o sea que debe comprender un valle y una cresta, y entre más hertzios más vueltas o ciclos por segundo realiza la onda. 

Así el rango de frecuencias audibles por los humanos corresponde entre los 20 y 20.000 hertzios aproximadamente, las ondas radioeléctricas están entre los miles de hertzios y miles de millones de ciclos por segundo, los rayos infrarrojos están también entre los millones de ciclos por segundo pero por encima de las ondas radioeléctricas y debajo del espectro visible por los humanos. 

Actualmente el hecho de usar alturas claramente definidas en hertzios para la creación musical ha cambiado, y cada vez ampliamos más el rango de posibles frecuencias y combinaciones de frecuencias con las que podemos hacer música. Nos alejamos cada vez más de esos sonidos con relaciones de múltiplos enteros, muy consonantes, y nos vamos cada vez más lejos hacia esa distorsión del sonido, empleando esas disonancias y distorsiones para crear, combinándolas y moldeándolas, extrayendo del sonido los valores musicales para darles lugar en una composición musical que sea percibida de manera coherente. Los primeros sonidos que se usaron para crear música fueron aquellos que son muy consonantes, es decir, relaciones de octavas, quintas, cuartas, luego se fueron incorporando más como las terceras, y así viajando cada vez más lejos hacia la disonancia como un universo que se expande, también podemos ir cada vez más lejos en la distorsión de la luz hasta la oscuridad. Se podría decir que en las frecuencias que usamos para crear música ya están contenidas todas las demás con las cuales esas mismas frecuencias interactúan. Tomamos todos estos sonidos en los que se descompone la onda y los incorporamos en relaciones que han variado a lo largo del tiempo. En la época actual incorporamos sonidos que incluso se consideran ruidos, gracias a la tecnología usamos sonidos que encontramos en el medio ambiente y también los que podemos crear mediante variaciones de voltaje. Luego los tomamos y los moldeamos en su estructura básica a través de descomponerlos y manipular esos componentes en algo que se llama síntesis sonora. 

Pero bueno, aquello de  la consonancia tiene que ver con percepciones, lo que nos resulta agradable o no funciona a través de la captación de los sentidos y como lo procesamos. Ya en las últimas décadas se ha hablado mucho de cómo la percepción nos afecta tremendamente. En realidad lo que se percibe como disonancia son los batidos, son una especie de titilaciones en la vibración , como una especie de  temblor que percibe el oído. En sí es una interferencia, pero que podemos aplicar a nuestro arte así como la oscuridad es la única manera de entender lo que es la luz. De todas maneras la disonancia es sonido y es a la música lo que el negro es al color. Un color acromático que absorbe completamente la luz visible y sin embargo su contraste realza la belleza y luminosidad de todos los demás. 

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